«¿Y si Shara es algo más que una zorra malvada? ¿Y si Shara es una zorra malvada que está enamorada de ella, eh?».

Título: He besado a Shara Wheeler
Título original: I kissed Shara Wheeler
Autore: Casey McQuiston
Idioma original: inglés
Traductor: Ana Mata
Año de publicación: 2022
Editorial: Molino
Género: romántica juvenil
Tags: romance, LGBT+, religión
Número de páginas: 416
Precio: 19 €
Inicio del libro:
«Chloe Green va a romper el cristal de la ventana de un puñetazo.
Por norma general, cuando se le pasa por la cabeza algo así significa que está al límite “mentalmente“. Pero ahora mismo, apostada junto a la puerta trasera de la casa de los Wheeler, se siente físicamente preparada para hacerlo».
¿De qué trata?:
Shara, la guapísima y cristiana hija del director del instituto, desaparece la noche del baile tras haber besado a Chloe. Esta deberá unirse a Smith (el novio de Shara) y Rory (el chico enamorado de Shara) para encontrar a su némesis antes de que se revele cuál de las dos es la alumna con mejores notas. Por suerte, Shara ha dejado pistas para los tres.
Vale, ¿y qué me ha parecido?:
Si me sigues por Instagram o Twitter, a estas alturas ya estarás hasta las narices de escucharme hablar de Rojo, blanco y sangre azul, de Casey McQuiston (en este enlace tienes mi reseña actualizada). Me lo he leído varias veces y se ha convertido en mi libro favorito, ahí es nada. Por eso, tenía muchas ganas de leer más libros de le autore y, al mismo tiempo, miedo a que no cumpliesen mis expectativas. Y, a ver, Rojo, blanco y sangre azul solo hay uno, y supongo que hasta elle lo sepa.
Dicho esto, He besado a Shara Wheeler no me ha encantado, pero sí me ha gustado bastante. Y cuanto más pienso en el libro y más tiempo pasa desde que lo terminé, mejor recuerdo tengo y más me gusta. Lo releeré (y, para mí, es el mayor signo de que una historia me ha gustado).
No voy a mentir: me costó entrar. Iba casi ciento cincuenta páginas y no entendía muy bien a dónde se quería dirigir McQuiston, si iba a pasar algo más interesante que los personajes persiguiendo pistas de quien parecía la típica manic pixie dream girl a la que es fácil coger manía de tan perfecta que es:

«Shara Wheeler es guapísima. Shara Wheeler es listísima. Shara Wheeler nunca se ha portado mal con nadie en su vida. Shara Wheeler tiene voz de ángel, en serio, pero nunca se ha presentado a la audición para el musical de primavera porque no quiere quitarles la oportunidad a otros estudiantes que la necesiten más».
Llegas a preguntarte lo mismo que Chloe, la prota: «¿Quién es cuando, por una vez, nadie la mira?». PEEERO McQuiston consigue que te acabes enamorando de Shara. No de la Shara perfecta a la que todos idolatran, sino de esa otra imperfecta (algo manipuladora, herida, agobiada por las circunstancias) que Chloe va descubriendo según avanza en el juego de pistas:
«Shara se mete la cadenita por debajo del cuello del vestido y yergue los hombros. Chloe se percata de que así es Shara cuando nadie la mira. Así es como empieza todos los días de su vida. Pasa un calvario y lo cubre con esmalte de uñas rosa».
He besado a Shara Wheeler recuerda mucho a Ciudades de papel, de John Green, solo que con personajes queer, trasladado a 2022 y mejor escrito. Lo más gracioso es que la propia protagonista utiliza una referencia parecida: «Por supuesto. ¡Por supuesto que Shara le ofrece algo así en lugar de una explicación! ¡Por supuesto que Shara ha encarnado al personaje principal de su propia novela de John Green!». Estuve a punto de soltar un gritito al leer la mención.
Chloe es bisexual, y sus tres mejores amigos (Georgia, Benjy y Fres), también son queer. Y es mi cosa favorita de las novelas de Casey McQuiston: ese sentimiento de positividad LGBT+, de esperanza, de mostrar historias positivas de adolescentes queer. No es que no haya homofobia en He besado a Shara Wheeler y que todos vivan en el país de las piruletas, pero la esperanza tiñe toda la novela, y cuando la acabas, tienes una sonrisa en la boca y el corazón un poquito más grande. De esos libros en los que todavía piensas muchos días después de haberlos terminado. Incluso me produce un sentimiento de nostalgia y cierta envidia no haber crecido rodeada de un grupo de amigos tan diverso, donde cada uno puede ser, simplemente, quien es.

Y aunque, como comentaba más arriba, de primeras cuesta coger cariño a Shara, la relación romántica que se desarrolla entre Chloe y ella me ha gustado mucho. Ambas, en principio, son muy diferentes entre sí, tanto física como mentalmente. Lo que ocurre es que, según avanza la historia, tanto la prota como los lectores nos damos cuenta de que tienen más cosas en común de lo que imaginaban. Y encajan de una manera muy guay. Hay otra pareja cercana a ellas que se va formando poquito a poco y que yo leía cada pequeña interacción y evolución con una sonrisa boba (no digo abiertamente de quiénes se trata porque es spoiler, aunque se ve venir). Como leí en GoodReads: «I have a crush on every single character in this book. The struggles of bisexuality». Y sí.
«Porque, hace dos días, Shara vio que Chloe estaba sola en el ascensor del Edificio B antes de la quinta hora, le tiró del codo y la besó hasta que se le olvidó un semestre entero de francés. Y Chloe sigue sin saber por qué».
Chloe, tía, date cuenta.
Otra de mis cosas favoritas de la novela es la amistad entre Chloe, Smith (¡mi favorito!) y Rory. De solo conocerse de vista a, gracias al «Busca el tesoro» que organiza Shara, hacerse muy buenos amigos en su último año de instituto. Siempre me dan muchísima pena y nostalgia los libros que transcurren durante el último año de instituto en EE. UU., porque ese curso parece más final que en España. Allí, cada uno se va a una punta del país a estudiar y probablemente no se vuelvan a cruzar. Cada vez que leo una historia así, me inunda la nostalgia.
En cuanto a estilo, los detalles que introduce McQuiston en la narración hacen la historia más real. No es que me haya sorprendido comprobar lo bien que escribe, porque tengo Rojo, blanco y sangre azul subrayado prácticamente entero, pero ha reforzado la idea de que le autore sabe lo que hace, y lo hace muy bien. La forma de expresarse, los detalles, su humor, sus metáforas y comparaciones son inteligentes, certeras, muy visuales y bonitas. Para ejemplo, esta descripción de la mejor amiga de Chloe:
«Georgia es la clase de persona que entra en una habitación como si hubiera estado allí un millón de veces, sabe dónde está todo, incluidas las salidas, y no se preocupa de si algo puede haber cambiado desde la última vez que estuvo allí. Es demasiado alta para parecer menuda, demasiado educada para ser imponente, demasiado lista en temas que no tienen nada que ver con las fórmulas químicas ni las integrales indefinidas para que le preocupe la nota media. Una vez, en la optativa de Escritura Creativa, Chloe tuvo que describir a una persona con una sola palabra. Eligió a Georgia y la describió como “robusta“, igual que un árbol o una casa».

False Beach, el pueblo de Alabama donde se desarrolla la novela, y Willowgrove, el colegio católico al que acuden los personajes, son una parte muy importante de la historia. Podemos palpar ese cristianismo radical, las normas estrictas, la homofobia, la asfixia de vivir en un sitio así. Y, al mismo tiempo, se puede respirar ese sentimiento de comunidad entre el grupito de alumnos que acaban encontrándose. Soy atea y vivo en un país muy diferente a Estados Unidos, así que esa devoción me parece sacada de otra época, pero es interesante ver las varias perspectivas que muestra le autore: la de Chloe, una persona no religiosa que se muda desde California; la de Shara y tantas otras personas LGBT+ que tienen que reconciliarse con la religión que llevan practicando toda su vida, y la de quienes lo llevan al extremo.
«Saca la cabeza al viento y la inclina hacia atrás, abre los ojos hacia las estrellas y piensa que tal vez sí pueda contenerse todo lo que existe en el mundo dentro del límite metropolitano de False Beach».
He besado a Shara Wheeler tiene cosas que no me han convencido, claro, como el ritmo, que en algunas partes decae, o lo que tarda en arrancar la historia hasta hacerse interesante. Al final de cada capítulo, además, hay notas que los personajes se escriben en clase, extractos de redacciones o diarios, etc., que, en la mayoría de los casos, no aportan absolutamente nada, ni siquiera ese puntito mono por saber más de ellos. Pero las cosas que me han gustado son tantas que diluyen las que no, y se ha convertido en uno de mis libros favoritos de 2023.
He subrayado muchas frases y reflexiones bonitas e interesantes, pero he dejado para el final mi preferida:
«Hubo un fin de semana, hace un millón de veranos, en que me senté en la orilla a beberme un granizado de lima y me di cuenta de que lo único que me apetecía mirar era cómo el sol iluminaba a las chicas que nadaban en el lago.
El problema siempre ha sido ese: cada vez que te veo, noto un sabor a lima y veo reflejos en el agua».
💘
Si tienes curiosidad, puedes leer las primeras páginas de He besado a Shara Wheeler en este enlace.

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