«—¡Ay, cómo me presta ver tol pueblu llenu de rapacinos jugando!».

Título: Rapacinos
Autora: Nerea Bayón
Idioma original: español
Año de publicación: 2024
Editorial: Binomio
Género: narrativa adultos
Tags: vida en el pueblo, preadolescencia
Número de páginas: 288
Precio: 19.95 €
Inicio del libro:
«Una medusa en el océano, eso es lo que fue durante un minuto el moco sangriento que se mecía a la deriva de mis movimientos en la bañera. Ariel y yo mirábamos con curiosidad sus cambios de rumbo y su forma variable. Todos permanecimos inmóviles, hasta que Flounder decidió acercarse poco a poco por la derecha. Estaba a punto de tocarlo, deseoso de comprobar su consistencia, cuando mamá entró de golpe en el baño».
¿De qué trata?:
A Nita le acaba de venir la regla al comienzo del verano de sus once años. Tiene tres meses para madurar, hacerse trenzas y ponerse morena antes de comenzar el nuevo curso y ver a Pelayo. Pero septiembre también traerá la despedida de su mejor amiga, Aurora, que se muda a Madrid, y una serie de cambios que ponen patas arriba su pequeño mundo.
Vale, ¿y qué me ha parecido?:
Seguro que te ha ocurrido algo parecido: empiezas un libro, dos párrafos, dos páginas apenas, y lo sabes, te va a gustar, te va a encantar; los dedos comienzan a cosquillearte y sabes que estás ante algo bueno. Leí Rapacinos hace dos años, para hacer la corrección, y me enamoré de la historia en el primer párrafo. Hace unos días la releí y volví a enamorarme.
«A menudo pensaba que si existía el cielo sería el final del Saltamontes en bucle, con la risa floja de Aurora en mi oreja izquierda».
Está contada en primera persona por una niña de once años, durante esa época entre ser una cría y una adolescente, pero no es un libro infantil. La inocencia de Nita, la prota, impregna la narración, y es una historia amable, pero también tiene partes agridulces, algunas muy amargas, como la realidad. Precisamente que esas cosas más duras las cuente una niña de manera tan natural las hace más realistas y dolorosas.
Así, Nita nos narra su verano en un pueblito de la cuenca minera asturiana a principios de los años 2000: su día a día jugando en la calle con sus amigas, las visitas a sus tíos y su prima, ir a la Feria de Muestras de Gijón, bañarse en la playa de Rodiles o hacer la compra en Pryca. También conocemos sus reflexiones sobre temas muy variopintos, algunos inocentes, otros importantes o más adultos: maltrato, no sentirse querido, los cánones de belleza (incluso con once años)… y alguno más que no comentaré por no hacer spoilers.
«Muchas veces me paraba a pensar sobre si teníamos a los padres que nos merecíamos. Era entonces cuando, de repente, quería ser como Celia para que mi madre me acariciase la cabeza sin motivo, y eso fuese algo normal entre nosotras».

El personaje protagonista está rodeado de unos secundarios excelentes: Luis, el anciano vecino, la persona a la que Nita más quiere en el mundo; Aurora, su mejor amiga, y Celia, otra amiga del pueblo; David el Diablo, el niño más malo del pueblo, según los demás, a quien Nita sabrá ver de verdad; los padres de Nita, los padres de Aurora y de Celia…
Como decía más arriba, la historia transcurre a principios de los años 2000, cuando todavía no teníamos redes sociales, pocos contaban con teléfono móvil o internet, y los críos aún jugaban en la calle. Esa ambientación dosmilera, las expresiones, canciones, series, ropa, juguetes, está perfectamente encajada en la narración y hacen de aquel pueblo en el que viven Nita y los demás un sitio real. Como niña que se ha criado en la misma época que ella, y además en el norte, me han encantado todas esas referencias.
La cultura asturiana es otro elemento importante, casi imprescindible, de Rapacinos, casi como un personaje más: lengua, costumbres, sitios… Los personajes parecen aún más reales precisamente por cómo hablan: «—¡Ay, cómo me presta ver tol pueblu llenu de rapacinos jugando!». La autora juega bien con esos detalles sin sobrecargar la narración y convierten el libro en el que es: uno muy muy especial.
«Unos artos se agitaron con fuerza, pude distinguir alguna mora, pero aún era pronto, aún estaban rojas. Para finales de agosto o principios de septiembre ya habrían madurado, como yo».
Puede que no seas millennial o una chica, o no te hayas criado en el norte o en un pueblo, pero las cosas que cuenta Nita, sus reflexiones y sentimientos, son universales. Es fácil sentirse identificado con ella y entenderla, ese querer agradar a sus padres y sentir su cariño, ser su favorita; ese hacer todo lo posible por gustar al chico que le gusta; ese miedo a no encajar, esa incertidumbre ante los cambios.
👉 En definitiva, Rapacinos no solo es especial por estar narrada desde el punto de vista de una niña o porque transcurra en un pueblo asturiano o por los personajes que le dan vida, sino sobre todo por la manera en la que está escrita. La narración es bellísima, de querer subrayar decenas de frases y conseguir lo que logra Bayón: un libro emocionante, de esos que te arañan un poquito el corazón; sencillo y grande; para releer y regalar y recordar.
«Cerré los ojos y dejé que el mar me sujetara. Tenía los oídos sumergidos, por un momento todas las voces de mi alrededor se silenciaron y me quedé en calma. “¿Quién soy yo de verdad? ¿Soy esta voz de mi cabeza?”».

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