«El pasado que Tristan y él compartían era como el océano: le rozaba los pies con olas suaves y balsámicas pero ocultaba tormentas más allá. Igual que las aguas, se extendía en el tiempo hasta un horizonte infinito, impregnándolo todo, salpicando su vida con recuerdos, con anhelos y esperanzas. Igual que aquellos que viven junto al mar tienen su perfume impregnado en la piel, su pasado también dejaba su esencia en el presente, formaba parte de quien era y le daba identidad. Estaba marcado de forma irremediable por él».

Título: Acordes rotos y A contratiempo (bilogía)
Autora: Hendelie
Año de publicación: 2021 y 2022
Autopublicados
Género: ¿romántica?
Tags: música, Londres, adicciones, salud mental
Número de páginas: 451 y 314
Inicio: «De pie frente al espejo, Tristan se miraba las arrugas. Concentrado, recorría las suaves líneas alrededor de sus ojos, las marcas de expresión en su frente, contándolas una a una».
Hay libros que leo, me gustan y aun así olvido pronto. Pero a veces me ocurre, no muchas, que pasan y pasan los días y no puedo dejar de pensar en unos personajes, en una historia, me quedo anclada a ellos. Sigo en Londres, en Portland, en el estudio de grabación, en el estadio de los Millwall, en los conciertos multitudinarios, en el despacho de Taylor, en los pubs de la ciudad. Sigo en los noventa y en 2018. Sigo con Jay, con Tristan, con Luke, con Noah. Sobre todo con Jay y con Tristan.
Os pongo un poco en contexto: Jay, un punki hooligan, y Tristan, un genio de la música algo prepotente, son seleccionados para formar parte de Halo, un grupo musical de fórmula, junto a Luke y Noah. Poco a poco, la banda despega y llega a convertirse en un icono de los noventa no solo en Gran Bretaña, sino también fuera.
La historia, llena de nostalgia (te hace echar de menos, así, en general), está contada desde el punto de vista de Tristan en 2018 y desde el de Jay en 1991. Estos compañeros de grupo, que compiten entre sí pero también mantienen largas charlas por teléfono y se hacen amigos, acaban enamorándose y su relación es a fuego muy muy lento. Vamos, que es un slow burn muy slow, con mucho sufrimiento de por medio.
Quería ser mejor que él, sí, demostrarle que, pese a toda su educación musical y su talento, él podía estar a su altura. Pero también necesitaba su reconocimiento. Lo ansiaba con tanta fuerza que a veces le resultaba frustrante. Y no solo eso. Comprendió que quería muchas cosas más. Quería sus secretos, su confianza. Quería su admiración, entrar en su mundo y ser alguien importante en él. […] Quería entrar en su mente, abrir su corazón y hacer su hogar allí. Quería…

Si Jay y Tristan son los protagonistas, la música es otro de los personajes principales, casi igual que el propio Londres: el libro es pura música británica de los noventa, de principio a fin. La narración está plagada de referencias a grupos y canciones de la época, a conciertos y pubs de la ciudad donde van los chicos. Todo encaja, todo fluye. El contexto histórico, tanto musical como social, es fundamental en la historia, la hace más especial y, al mismo tiempo, reconozco que a veces se me ha hecho un poquito largo: quería ir al meollo, a Jay y Tristan. Me hubiese gustado ver más escenas de ellos juntos, sobre todo en el primer libro. Quizá por eso para mí este es uno de esos casos en los que la segunda parte me ha gustado más que la primera (y eso que la primera me ha encantado). Pero en la segunda pasan COSAS que estaba deseando que pasaran, y es maravilloso.
Los personajes secundarios, el grupo de amigos que forman todos (Jay, Tristan, Noah, Luke, Chris, Grace, Jeannie, Rob…), son otro elemento que caracteriza la historia, una presencia constante en ambas líneas temporales. Precisamente eso, que tantísimos años después muchos de ellos sigan juntos, me ha emocionado un montón.
A pesar del tiempo, del desgaste de los años, del cansancio vital y las derrotas, sus amigos seguían brillando con la misma fuerza. Con esa llama inextinguible de las pasiones que alimentan el corazón de por vida. Entonces supo que Jason tenía razón. Ninguno podía dejarlo. Solo se tomaban descansos.
Con esta bilogía me ha pasado como con Todos quieren a Daisy Jones y Los siete maridos de Evelyn Hugo, que cada cierto tiempo tenía que recordarme que la banda, Halo, no es real, que ni Tristan ni Jay ni Noah ni Luke existen, que todo es invención de la autora, que los dos libros no son una crónica de sus vidas. Porque está todo tan bien contado que te lo crees, la narración es impecable, bellísima, y te sumerges tan de lleno en ese ambiente que cuesta salir. Quiero quedarme en él, allí, con ellos.
