«Levanté mis manos y, con habilidad, empecé a trenzar mi larga melena».
Fíjate en los posesivos de la frase anterior. Mis manos, mi larga melena.
¿No son redundantes? Y, por tanto, también innecesarios.
El uso incorrecto de los posesivos es común en las novelas, pero, sobre todo, en la primera persona: mi mano, mis ojos, mi cara, su mano, sus ojos, su cara… Esas partes del cuerpo pertenecen a la persona en cuestión, no hace falta reiterar esa pertenencia con el posesivo.
Mi, mi, mi.
Como explica la Fundéu, «con sustantivos que designan partes del cuerpo (cabeza, ojos, oídos, pies, rodillas, etc.), lo común es el uso del artículo (el, la), pero no el del posesivo (mi, tu, su, etc.)».

