Posesivos incorrectos en primera persona

«Levanté mis manos y, con habilidad, empecé a trenzar mi larga melena».

Fíjate en los posesivos de la frase anterior. Mis manos, mi larga melena.

¿No son redundantes? Y, por tanto, también innecesarios.

El uso incorrecto de los posesivos es común en las novelas, pero, sobre todo, en la primera persona: mi mano, mis ojos, mi cara, su mano, sus ojos, su cara… Esas partes del cuerpo pertenecen a la persona en cuestión, no hace falta reiterar esa pertenencia con el posesivo.

Mi, mi, mi.

Como explica la Fundéu, «con sustantivos que designan partes del cuerpo (cabeza, ojos, oídos, pies, rodillas, etc.), lo común es el uso del artículo (el, la), pero no el del posesivo (mi, tu, su, etc.)».

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Lecturas de junio: peces, lluvia y mar

El mes de junio ha pasado visto y no visto, pero me ha dado tiempo a leer los siguientes libros:

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Reseña «El chico de la última fila», de Susanna Herrero

«Yo soy caos. Él es orden. Creo que eso lo resume todo. ¿Pueden el caos y el orden…? Ni siquiera sé cómo continuar la pregunta. Quizá porque esa es la pregunta. ¿Pueden el caos y el orden?».

Todavía faltan seis meses para que acabe el año y ya estoy un 99 % segura de que El chico de la última fila va a ser el mejor libro que lea en 2020.

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Título: El chico de la última fila
Serie: Cabana 2
Autora: Susanna Herrero
Idioma original: español
Año de publicación: 2020
Género: literatura romántica
Número de páginas: 430 (ojalá 430 más 💖)
Perfil en Goodreads
Precio: 15.81 € en papel, 2.99 en ebook

Inicio de la novela:

«Había sido un buen concierto. Hasta él lo sabía. Lo había sabido desde el compás de anacrusa; tenía buen oído. Un oído prodigioso. Un don. Una habilidad. O una maldición. Su padre siempre ejecutaba buenos conciertos. Su padre era uno de los mejores. Su padre era un ejemplo. Sus pasos deberían ser los suyos. Y él tenía que sentirse orgulloso. Pero se ahogaba».

¿De qué trata?:

Hugo Cabana es veterinario en un pueblecito del Mediterráneo; Dylan Carbonell, cantante de éxito. Se conocen en un concierto de Dylan y, aunque en un primer momento chocan, poco a poco, se hacen amigos.

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Lecturas de mayo: rock, reinas lectoras y paseos en bici

¿A alguien más se le ha pasado el mes de mayo volando? Marzo y abril se me hicieron interminables, pero mayo… visto y no visto. Al menos, poco a poco, he recuperado el ritmo lector, y en las últimas cuatro semanas he leído los siguientes libros:

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Lecturas de abril: diversidad y finales que salvan libros

Antes de ponerme a redactar esta entrada, me ha dado por releer otras de este año y me ha hecho gracia la de febrero; en ella me quejaba de que enero se me había hecho muy largo. Ay, esa Cintia no tenía ni idea de que después llegarían marzo y abril y durarían cuatro años.

Bromas aparte, en abril he leído el mismo número de libros que en marzo, tres, y ha sido el mes del sí, pero no: las tres lecturas tienen elementos que me han gustado pero, al mismo tiempo, otros que no, y que han hecho que las historias no me hayan terminado de convencer.

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