En su año cuarenta y tres de vida, William Stoner aprendió lo que otros, mucho más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin, sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra.

Título: Stoner
Autor: John Williams
Traductor: Antonio Díez Fernández
Editorial: Baile del Sol
Género: narrativa
Tags: universidad, literatura, cotidianidad
Número de páginas: 248
Inicio: «William Stoner entró como estudiante en la Universidad de Misuri en el año 1910, a la edad de diecinueve años. Ocho años más tarde, en pleno auge de la Primera Guerra Mundial, recibió el título de Doctorado en Filosofía y aceptó una plaza de profesor en la misma universidad, donde enseñó hasta su muerte en 1956».
La historia de Stoner es sencilla: William Stoner, un chico de granja y familia humilde, consigue ir a la universidad a principios de 1900, se enamora de la literatura y se convierte en profesor.
En esa sencillez reside el valor de la novela y, sobre todo, en cómo está escrita; uno de esos libros en los que en realidad no pasa gran cosa, pero son interesantes por la belleza de la narración. Lo he leído despacio, me lo he tomado con calma, y lo he disfrutado mucho.
Así, conocemos la vida de Stoner desde que abandona su casa en una granja, en la que vivía con sus padres, y comienza a estudiar Agricultura en la Universidad de Misuri. Pero cuando cursa una clase de Literatura, se enamora de ella, y cambia de especialidad. Y empieza su historia de amor por los libros.

La vida de Stoner es ordinaria, mediocre, triste, cotidiana, normal. Casi nada le sale bien pero desde un punto de vista natural, como a la mayoría de los mortales. Se casa con una mujer a la que apenas conoce; pronto su matrimonio hace aguas pero permanece con ella; tiene una hija a la que estuvo muy unido y de la que, poco a poco, va alejándose; apenas tiene amigos de verdad. Su día a día lo dedica a sus clases de literatura clásica, a sus libros, a su escritura. Y cuando se plantea si su vida merece la pena, se vuelve a enamorar, esta vez de una estudiante. Ese amor prohibido tampoco acaba bien, la sociedad los obliga a separarse, pero Stoner la recordará (y querrá) el resto de su vida.
Había llegado a ese punto en el que le asaltaba, con intensidad creciente, una cuestión de una simplicidad tan aplastante que carecía de recursos para afrontarla. Se empezó a preguntar si su vida merecía la pena, si alguna vez la había merecido. Era una duda, sospechaba, que le llegaba a todo el mundo tarde o temprano.
«¿Qué esperabas?», se pregunta Stoner en un momento dado. Qué esperabas de la vida, de ti mismo, de lo que te sucedería, de a quién querrías, de quién te harías amigos, de quién te enamorarías. A veces duele de lo sencillo que resulta identificarse con él. Y el final, que no es spoiler porque te lo dice en las primeras líneas del libro, termina con su muerte y he acabado leyendo entre lágrimas. Por despedirme de Stoner y por la belleza y la tristeza de esa última escena.
William Stoner es un personaje entrañable, real y memorable.
(Consejo ☝️: leedlo de otra edición, a esta le falta una corrección. Qué dolor).
