El clic mágico, la intuición del escritor y leer para sentir

Me gusta llorar con los libros. No porque tenga una parte masoquista que esté confesándote ahora, no me gusta sufrir por sufrir, sino porque me encanta emocionarme tanto con lo que leo que irremediablemente me eche a llorar. También te digo que soy muy de vivirlo todo mucho mucho (para bien o para mal), y cuando leo me meto de lleno en la piel del personaje y siento toda su alegría y toda su pena y todos sus miedos y quiero gritar y llorar y reírme con él.

Hay quien lee con el propósito de entretenerse o divertirse o pasar miedo o aprender algo nuevo. Yo leo para sentir cosas, y tener la capacidad de transmitir tantísimo con palabras me maravilla, admiro a las personas que saben hacerlo bien. Vamos, que yo también quiero hacer llorar con mis historias. No, mejor dicho: quiero emocionar, remover por dentro, que el lector no se quede indiferente (supongo que… el objetivo del 90 % de los escritores).

No es fácil, claro. A veces, pretendes lograr un sentimiento o una reacción concretos en el lector y, por mucho que lo intentas, la escena queda plana, sin vida o transmite lo contrario a lo que tú buscabas. Es complicado dar con la tecla correcta.

Un pilar fundamental de la escritura, que solemos olvidar, es la propia intuición del autor. Y es que hay cosas difíciles de explicar. «¿Por qué decidiste narrar esto así?», «¿Cómo se te ocurrió esto otro?», ¿De dónde te vino la idea para eso de más allá?». En ocasiones, ni tú mismo lo sabes: te pasas días, semanas, meses atascado, pensando en la mejor manera de abordar el problema, y, de pronto, simplemente, algo hace «clic»; un clic mágico, una pieza que de repente encaja.

Y a veces ese «clic» te soluciona la trama completa de tu novela, te ayuda a decidirte por tu próximo proyecto o añade un bonito detalle a una escena muy breve.

Para que ocurra ese «clic mágico» tiene que haber mucho trabajo detrás. Foto: Alina Vilchenko @ Pexels

Pero no llega por inspiración divina, así sin más.

Para que aparezca esa idea que te falta, ese santo grial que parecía perdido, tienes que darle muchas vueltas, invertir tiempo, pensar y pensar y pensar (que la inspiración te encuentre trabajando, como decía un famoso pintor).

No significa que necesariamente esa «iluminación» aparezca en un proceso activo de trabajo; a veces llega mientras das un paseo, te duchas, lees otros libros o esperas a que el semáforo se ponga en verde; pero tu cerebro, sin que te percates, va absorbiendo detalles de las cosas que ves, escuchas, sientes; almacena esa información que podría venirte bien para tu novela y, en segundo plano, trabaja con ella.

Y cuando todo encaja, tiene algo de mágico, sí, pero no es magia, por supuesto: hay mucho trabajo detrás, decenas de horas de pensar en tus personajes, en la trama, en la mejor manera de que todo cuadre. Es una sensación fantástica: encontrar qué quieres contar y cómo, y emocionarte y entusiasmarte por darle forma a tu historia. Esa es la magia de escribir.

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Una canción que escucho últimamente mientras escribo: «What if it’s right?».


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Publicado por Cintia Fernández

Leo, escribo, corrijo. Y vuelta a empezar.

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